“ Una educación diferente” logró combatir la exclusión de niños y jóvenes que se habían refugiado en la delicuencia y drogadicción. Los talleres se dictarían en Santa Fe y otras provincias.
Hace
un año, desde la municipalidad de Rosario se lanzó el taller
escolar llamado “ Una educación diferente” que se dictaría en
los niveles primarios y secundarios de todas las escuelas de la
ciudad. El taller fue agregado como un espacio currilar más, y fue
financiado por un impuesto especial que se cobró a los ciudadanos de
cinco pesos al mes. Éste sería dictado por psicopedagogas y
psicologas y consistía en tratar temas como el consumo de drogas, la
violencia, y la delicuencia. Todos podían compartir sus experiencias
libremente y generar un nuevo debate. A un año de su creación, su
eficiencia es indiscutible, se logró combatir la exclusión, y desde
este nuevo espacio y junto con el accionar policial se denunciaron y
tumbaron bunkers en la ciudad. De esta manera, la drogadicción como
la delicuencia ha bajado los altos indices que tuvó tiempo atrás.
Los
fenómenos de linchamientos, los elevados índices del narcotráfico
junto con la delicuencia fueron un período muy oscuro que atravesó
nuestra ciudad. Cuando ya no se tenía esperanzas en el futuro de
Rosario llegó la solución. Tras un largo debate del concejo, la
intendencia lanzó “Una educación diferente” un taller de debate
donde se tratarian estos aspectos y donde podian participar
libremente aquellos alumnos que atravesaron esas desventuras. “Un
ex-compañero me contó de los talleres y me pidió que volviera,
gracias a los chicos y a la profes dejé la calle” contó Matias G.
un chico de 15 años que volvió a la escuela y tras charlas con la
psicopedagóga y el psícologo de su escuela dejó de andar en las
calles y de consumir drogas. Hoy junto con otros alumnos de escuelas
públicas y privadas recorren otros barrios de la ciudad dando
charlas con los profesionales a otros chicos y padres.
“Una
educación diferente” tuvo una gran revelancia, aunque también fue
muy cuestionado por el hecho de que aquellos que robaban retomaban
sus estudios y no eran sancionados por la justicia. Desde la
intendencia resaltaron reiteradas veces que los niños eran menores y
por lo tanto no podian ser sancionados además actuaban “contra su
voluntad, sumergidos en sustancias enfermizas”. Los alumnos que
volvieron a la escuela por su parte se mostraron muy arrepentidos de
todos aquellos hechos delictivos y su justificación fue la no
contención de su familia y del ámbito escolar. Por esa razón
vivían en la calles y en sus peligros.
Se
cumple un año de la creación del taller y la ciudad se ha
transformado. Fueron los mismos jóvenes quiénes desarmaron la
estructura del narcotrafico denunciando y desbaratando los bunkers.
Estos resultados fueron el hincapié para que desde la provincia
hacia el país se implemente “ una educación diferente”. Pero
aún la tarea no termina. Falta mucho por seguir transformando.
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