miércoles, 29 de octubre de 2014

Un loco entre dos mundos.

Miguel Macri pasó de la cancha de fútbol a su trabajo en el Abasto.Su incentivo a crear pequeñas acciones para grandes cambios.


Su vida es un partido que nunca acaba, en el entretiempo se dedica en la concientización y la creación de lazos solidarios, es el creador del descanso peatonal “El roña, un campeón”. Miguel Macri antes de estar bajo la mirada crítica de los vecinos rosarinos, fue un jugador de fútbol y posteriormente se volcó de lleno a ser técnico de jóvenes y niños.

Luego de retirarse del fútbol profesional y ya cumpliendo 24 años en ser técnico de clubes como Rosario Central, Miguel sólo centra su vida en el negocio familiar, la droguería de Cerrito y Corrientes, a la que se dedica y mantiene con gran esfuerzo, un trabajo que se traslada de generación en generación.

“Este año tomé coraje, porque no me animaba a dejar la pasión futbolera. Pero creo que la canalice en la esquina, dando charlas” declaró reflexionando sobre el nuevo espacio que le brindó al Abasto. “El loco” nunca se separó de su amor por la camiseta y la pelota, incluso hasta el día de hoy suele sentarse en el colorido banquito de la esquina y charlar sobre fútbol.


El loco Macri puede recordar con nostalgia su paso por la cancha, puede abrazar con pasión cada partido pero afirma que “el profesionalismo es descarnado”, en un mundo individualista no había tanto lugar para su modo de vivir y pensar, por lo tanto, tuvo que recurrir a la separación, a vivir en dos mundos, a que se cuerpo estuviese en un lugar mientas su mente se alejaba poco a poco.

Hoy su pasión futbolera está perdiendo por goleada frente a su acción solidaria, al priorizar la generación y difusión de los viejos valores perdidos por una generación encerrada en la tecnología, tan enfocada en la conexión instantánea con otros que pierde el contacto personal, el interés y la preocupación  por el cambio general. Macri no duda que su pasión pueda tener un partido revancha en algún futuro.

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