domingo, 2 de noviembre de 2014

Haciendo el cambio.

El sol partía la tierra, no había nubes en el cielo y el calor era inaguantable, en estas condiciones llegamos a la equina de Cerrito y Corrientes, donde estábamos citados los alumnos de la catedra de Redacción II a conocer el famoso “Descanso Peatonal Roña Campeón” y a su creador, Miguel Macri.Un banco de plaza pintado de colores al estilo: “pueblos originarios”, una mini biblioteca pública, un pequeño pero firme olivo, estampitas de todo tipo, y muchos cartelitos con reflexiones en distintos idiomas y muchos colores, en una esquina, era lo que se observaba al recorrer el lugar, a la ansiosa espera de su fundador.


Contemplando el “descanso”, vemos a vecinos cruzar, y en un momento en la mini biblioteca, una vecina de la cuadra llamada Noelia nos comentó que “la esquina antes era un asco, había mucha basura, a los vecinos todo lo que se les ocurría lo arrojaban y por fuera del contendor”. Además agregó: “A mí el descanso, me sorprendió gratamente por el cambio, me demostró que con perseverancia y voluntad se pueden conseguir cosas buenas. Miguel es un copado, se puso las pilas. No le gustaba y lo cambio. Eso no lo hace cualquiera”.
Roña Campeón 


La vecina se retira, y de inmediato llega Miguel, acelerado, llevándose el mundo por delante, con mucha más vitalidad que cualquiera de los que estábamos ahí. Hombre de 53 años, de pelos y barba blancos, de un estilo muy particular, lleno de tatuajes, pulseras y collares que parece llevarlos muy bien. Expandía buena onda, saluda a todos, trae banquitos para que nos sentamos, al ver que teníamos calor y eran las 12 del mediodía, se cruza al bar de la vereda de enfrente y regresa con sandwichitos y gaseosas, las cuales reparte entre todos.

Enseguida pega un afiche amarillo vacío, sin escribir, en una de las paredes y trae una mesita con libros y revistas. Consulta con el profesor Montenegro, que estaba presente, sí podía comenzar, a lo que recibe una respuesta afirmativa y expresando con mucha incomodidad a que pensemos que estaba mintiendo se presenta: “A mí no me resulta difícil explicarle quien soy o explicarle por qué hice esta esquina. Mi nombre es Miguel, yo me casé con mi primera novia, tuve dos hijos, un varón y una nena, ya soy abuelo. Me gustan mucho los perros salvajes, tengo 7, todos rescatados. Siempre llevo comida para perro en el auto y les doy de comer a los de la calle”.

Entonces escribió en el afiche tres palabras “Común, Simple y Humilde”. Así es como se describe él y como se lo ve, como un tipo que no anda con muchas complicaciones, desde su vestimenta, sus tatuajes, desde su forma de expresarse, hasta como vive”.

Luego de su presentación, este hombre con la mirada atenta de todos los presentes, nos comenta acerca de los valores perdidos, como la solidaridad que para él, muchas veces se malinterpreta: “Creemos que solidaridad significa que siempre tenemos que dar, y no es así, es mucho más amplia, te permite sentirte bien con vos mismo, tratando de que el vecino, el pariente, un cliente, un desconocido, pase un bueno momento, eso es lo que yo creo es solidaridad”.

Para llegar a definir qué es la esquina explicó una teoría que él tiene, la cual de alguna manera resignifica la palabra “suerte”, volviéndola una combinación de actitud, azar, capacidad y destino. Así llego a la esquina, con suerte. “La gente venía y tiraba cosas, la usaba como basurero, los travestis que vienen a la noche la usaban para mear o tener sus relaciones sexuales. Los vecinos más grandes no querían meterse en líos. Entonces yo actué con actitud y tuve la mejor capacidad para en el momento adecuado y en el lugar preciso decir que es lo que hace falta acá” manifestó el iniciador de la esquina.

Recalcando la falta de diálogo, hablar y escuchar, cuenta cómo consiguió que le hicieran el banco de plaza que está en la esquina. Ya que en la ciudad le resultó difícil encontrar quién se lo haga, y quien se lo hacía le cobraba dos mil pesos, nos relata que un día cuando fue a Villa Gobernador Gálvez se encontró con un señor mayor que en su juventud hacia bloques de cemento. Cuando Miguel le preguntó sí hacía bancos de plaza, el hombre le responde que no, entonces le empieza a hablar de la vida. Después de escuchar desinteresadamente y en el momento en que se despide, el señor que hacia bloques le dice: “Venga el miércoles que le hago el banco”. Esta anécdota lo hizo reflexionar acerca de la necesidad de ser escuchado y de escuchar, por lo que de esa manera consiguió el banquito pagando sólo $200.

Además nos comentó acerca de la negatividad que le tiraba la gente con respecto a la mini biblioteca. “A esto te la van a romper todo”, “Te van a tirar todos los libros” era lo único que le decían, y desde febrero se encuentra en la esquina, él se encarga de limpiarla, acomodarla, yendo más allá del clásico “te va a ir mal”.

Cuando lo interrogan acerca de su relación con el fútbol, expresó que jugó al fútbol profesionalmente y hasta el año pasado tuvo 24 años de ser director técnico, de varios equipos entre ellos Rosario Central, y este año consideró que no podía seguir repartiendo la cabeza entre la droguería, de la que es dueño y trabajador, y de la cual vive y depende la mayoría de su familia y el fútbol. “Este año tomé coraje, porque no me animaba a dejar la pasión futbolera. Pero creo que la canalice en la esquina, dando charlas” contaba Miguel, haciendo referencia a las charlas, que su gente amiga de algún club lo invita a dar y que le permite hablar con jóvenes.

En cuanto al nombre del descanso peatonal: Roña Campeón, Miguel nos contó que se debe a uno de sus perros de igual nombre que vive en la droguería. El perro estuvo entre nosotros todo el tiempo que estuvimos ahí, Roña es un perro chiquito pero de varios años, es blanco, tiene manchas marrones y un collarcito con su nombre. “Roña entiende todo, le pusimos Roña, no porque sea sucio, aparte es sucio, él no es cariñoso, no le podes dar un beso, llevarlo upa pero se ha adaptado a la droguería. Él vive acá, el sábado está solo, el domingo hay que venir a darle de comer y sacarlo un poco. El Roña, ¡el Roña es un campeón!” dice orgulloso su dueño.

La esquina no solo queda acá, el ex jugador tiene algunos proyectos para continuarla porque no quiere pasar y ver siempre lo mismo, por esto, mandó a hacer una glorieta, unos caños que están unidos arriba, y que quiere ponerle una virgen “Santa Rita” para que caigan unas flores de colores. Así mismo unos vecinos le propusieron incluirle a la esquina una rayuela, como homenaje un buzón de cartas y una cuponera, esto veremos en la esquina en el transcurso de los próximos meses.



Al finalizar Miguel insiste en que nos llevemos las gaseosas y los sandwichitos que había comprado para nosotros. Cuando íbamos a retirarnos, algunos, un tanto desorientados sin saber qué línea de colectivo tomar para regresar a su departamento o casa, notamos un cambio de perspectiva, en el sentido de que este hombre con esta esquina y sus palabras generó un cambio en los alumnos que asistimos, no un cambio brusco pero tal vez la mayor parte de los presentes nos planteamos la revalorización de ciertas cuestiones como el hecho de tener iniciativa, valores marcados, actitud y predisposición. 

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