Todo comenzó en cuarto
año, en la recta final de la secundaria con un ¿qué vas a estudiar?. Los que no trabajaban, estudiaban. Ahí fue
el inicio de la incertidumbre cuando mencionaba que estudiaría Comunicación Social
y la misma reacción, una y otra vez se repetía la misma frase “Es como
periodismo pero más amplio” y ni siquiera yo sabía lo que era un
comunicador social pero sí sé que es diferente a ser periodista. Es mucho más
que un periodista.
Un comunicador sabe de
muchas cosas, desde investigaciones científicas hasta el rating de Lanata,
desde las guerras de Medio Oriente hasta qué dice el Papa sobre navidad,
analiza el funcionamiento de Whatsapp y la influencia de Facebook en la
sociedad. Estudiamos la comunicación entre personas y entre máquinas, llegamos
a mencionar la comunicación entre
pájaros.
Sabemos de
antropología, teoría política, economía, sociología, historia, psicología y
psicoanálisis pero no somos antropólogos, políticos, economistas sociólogos,
historiadores, psicólogos y psicoanalistas. Tenemos espíritu crítico frente a
cada hecho, discutimos y dudamos de todo.
Más allá de lo
académico, muchos nos tildan de extrovertidos, de “ lanzados”, que hablamos demasiado, no todos
son así pero amamos comunicar, buscamos tener una mente abierta a miles de
posibilidades e ideas.
Somos constructores de
una realidad, traductores de un universo complejo, estamos siempre conectados
en un mundo cada vez más fragmentado, somos un torbellino de informaciones por
procesar y esa es nuestra función. Y somos defensores de la verdad ante todo
Somos comunicadores
sociales.

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