domingo, 2 de noviembre de 2014

Un espacio poético en la ciudad



Desde una propuesta de la cátedra de redacción II, visitamos la esquina de Corrientes y Cerrito, una verdadera intervención urbana. 






"Entró un cliente y me dice que no había podido estacionar, que era todo un basural; era una mugre, más sumado a que los perros habían hecho sus necesidades. Lo veía pero no me daba cuenta que estaba. Acompañé a este cliente hasta su auto y le dije que esto no podía ser. Me puse en el lugar de alguien que vive acá. Desde ese mismo día empecé a limpiar despacito y después pinté. Luego pensaba que este es un barrio de gente mayor y muchos se cansan al caminar, entonces hacía falta un banco para sentarse. Los colectivos paran acá a la vuelta entonces muchas veces desde ahí se puede ver y demás. Empecé a buscar un banco de plaza y no encontraba. Pero después, ante los costos altos y la facilidad de rotura (siempre hay algún salame que rompe), dije: tenemos que poner algo de cemento. Me encontré de casualidad, como son todas las cosas, con un jubilado que desde el año sesenta y pico fabrica block de esos para hacer casas. Este hombre tiene una de esas máquinas para hacer block y me dijo que es a pulmón. O sea, como cuando vos vas al gimnasio y haces hombros, ¿viste? Con una manija que va por detrás de la espalda. Le dije, mire Luis usted me podrá hacer un banco y él me contesta: 'yo banco no hago'. Me empezó a contar sus historias de depresiones, problemas y demás. Con mucha atención, estuvimos hablando más de cuarenta minutos y le digo bueno Luis gracias por la charla. Al irme me dice: 'venga el miércoles que le hago el banco'."

La charla ilustra la cuestión. Desde la conversación se gestó un encuentro, entre el "Loco" y Luis. El pedido se volvió una necesidad colectiva. Y de eso trata el descanso peatonal, de volver a compartir, de hacer un parate en la ciudad, de frenar y volcarse hacia la reflexión, a escucharse. 

La iniciativa de El “Loco” Macri en la esquina de Corrientes y Cerrito representa, de alguna pequeña pero alentadora manera, el triunfo de la solidaridad y de la “esquina buena” sobre la “esquina mala” –como señala su artífice-. Además, el respeto por los hábitos urbanos saludables y la convivencia ciudadana. Pero también nos habla de la necesidad de “algo más” en la ajetreada vida de la ciudad, en el vértigo de todos los días. 

Nos propone una pausa para reflexionar, representada por ese espacio de descanso sencillo y colorido, presidido por un olivo, árbol de larga tradición en el refranero popular, en la literatura y en la historia milenaria. Un paréntesis de detenimiento y de verde en medio del ruido y del smog: un espacio poético en la ciudad.



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